Por Máximo A. Tell
De un tiempo a esta parte nos hemos visto infestados de distintas noticias sobre la instalación de las papeleras en el vecino país de Uruguay. Desde este primer párrafo quiero dejar en claro que NO estoy a favor de la instalación de pasteras que potencialmente puedan ser contaminantes. No me voy a mencionar como acérrimo ecologista, pero creo desde los Estados se debe comenzar a tomar conciencia de que la contaminación ambiental necesita una intervención, hoy.
El argentino en varias cosas es especial, tiene virtudes y defectos de a cientos, como todos y hasta como este mismo redactor casual. Lo imperdonable es que somos hipócritas en muchas cuestiones, y en ocasiones nos volvemos presos de nuestros infiernos, chocando entre las flamas de nuestras incapacidades o errores que nunca reconoceremos.
La tercera aclaración (1. No a las pasteras 2. Critico del ser Argentino) es que a mi entender los movimientos que se hicieron desde el Estado argentino para evitar las instalaciones de papeleras en Uruguay, nunca (coloco énfasis) pero nunca fueron acertadas. Plantada la posición comencemos a discutir.
°
A comienzo de este siglo, las industrias papeleras comenzaron un programa de “re-localización”. Esto no era más que instalar gigantes humeantes lejos de sus países oriundos. Hay que decir que esto se hace con normalidad entre las empresas desde que vivimos en una aldea global, aunque también hay que mencionar que muchos de estos movimientos se deben justamente para “escapar” a los estatutos de cuidado al medio ambiente que sus mismos países de origen tienen, cuestión que impide la instalación de mas fabricas de celulosa en muchos lugares de Europa. Recordar que el viejo continente es el más conciente (entre los inconscientes) sobre la preservación del medio ambiente.
Entre estos sospechosos movimientos, un par de empresas miraron a nuestro sitio. Antes de la crisis de 2001, muchos intendentes y gobernadores argentinos fueron en busca de atraer a estas inversiones. No se puede desconocer que la instalación de una planta de esta envergadura genera un movimiento económico muy favorable para el lugar que le da el espacio. Los mismos gobernantes que hoy braman ante la instalación de Botnia eran los que recorrían los pasillos ministeriales en busca de apoyo diplomático para que esas pasteras se instalasen en diferentes provincias argentinas.
Debido a la profunda crisis de nuestro país varias empresas desisten del negocio con Argentina y comienzan a buscar nuevos destinos. A la empresa española ENCE y a BOTNIA de origen finlandés no les llevó mucho tiempo darse cuenta que las condiciones del otro lado del río eran las optimas.
Uruguay es un país sereno. Su gente se traduce en una persona servicial, tranquila y suave para el trato. No son bruscos ni para enojarse y conforman un trío inseparable junto a su termo y mate. Como país es simple: agro exportador. Pequeño y con un sistema claramente centralizado sobre su capital Montevideo. Posee 2 millones de habitantes y su gran mayoría habita en la capital. Siempre considerado por nuestro país como minúsculo, casi como un lugar de vacaciones o patio trasero. El país oriental sufrió el proceso de dictaduras militares, como el resto de los países del cono sur, y de allí su gran déficit económico. Sistema financiero mantenido al estilo “suiza clandestina” de Sudamérica. Para levantar una crisis económica que fluctúa desde 1955, que atravesó la etapa de guerrillas de los ´60 y que se profundizó con el golpe de Estado de 1973, es que la “Banda Oriental” hace lo que hace. Desde mantener dinero sin preguntar procedencia hasta implantar riesgosas empresas para la salud. (ADVERTENCIA: Argentina hace ambas cosas también)
Por el lado del enemigo, como le gusta considerar a unos conocidos a las pasteras hay que conocer ciertas cuestiones. La española ENCE es el primer propietario europeo de bosques maderables de eucalipto y líder en Europa y segundo suministrador mundial de celulosa de eucalipto. Dentro del macro sector europeo de las Industrias Basadas en el Bosque, ENCE desarrolla sus actividades bajo parámetros de sostenibilidad medioambiental y máxima cualificación ecológica de sus productos. La familia Botnia, se postula con una filosofía humanista, responsable, y de cooperación con sus clientes. El slogan muestra la leyenda que dice: “Producimos de manera ecológica y éticamente sostenible pasta papelera a partir de madera finlandesa certificada. Con nuestra pasta se elaboran papeles de buen corazón.”
Quizás por eso el arreglo entre Uruguay y estas empresas hayan transitado un camino liso y llano como el de las plantaciones forestales de donde se extrae la madera en los bosques europeos. De este lado del río demoramos en darnos cuenta y llevaríamos la cuestión por caminos más parecidos a los de nuestras cosechas, pedregosos, desordenados y con pendientes de indecisiones. Botnia es propietaria en el Uruguay de Forestal Oriental, especializada en la selvicultura del eucalipto. Forestal Oriental es propietaria de 100.000 hectáreas de terrenos, de las que unas 60.000 son aptas para la selvicultura o ya tienen plantaciones de eucaliptos de buena calidad. Forestal Oriental se cuenta entre los tres mayores propietarios de bosques del Uruguay, y sus plantaciones se encuentran en las cercanías de Fray Bentos. La posibilidad para la pequeña economía oriental es importante: Botnia ofrece una inversión de mil millones de dólares americanos, además de tomar a 300 empleados en la planta de celulosa, pero con un total de más de 8000 puestos de trabajo que se generarán en Uruguay (5000 puestos de trabajo directos y 3000 indirectos). En la materia de la oferta y demanda, un paquete nada despreciable, claras razones por la que nuestro país también incitaba a tenerlas de este lado del río.
Aunque parezca que me he alejado del titulo de la nota, ahora vamos a venir a discutir que hicimos y quizás con toda la información vista vislumbremos que hacer. Este es como un intermedio, me pareció necesario agregar el caudal informativo previo, porque el asunto comienza doblar la esquina de la conclusión y hay que estar preparado para intentar formarse una opinión, pero tampoco nos adelantemos. Volvamos a la costa argentina.
Como dijimos desde el comienzo, nuestro país intento que estas empresas instalasen sus plantas en suelo argentino. Cuando se perdió la oportunidad por la inestabilidad que mostramos en 2001 no nos importó demasiado. Claro que el Estado no estaba como para ponerse a analizar a todas las probables inversiones que decidían no llegar, pero la verdad que el caso de las pasteras fue especial. La cuestión es que nuestro país tiene un sistema económico mucho mas complejo que el de Uruguay y a su vez por aquellos comienzos de siglo la hecatombe política no permitía discutir otros temas. Las empresas dijeron que no venían y los gobernantes que hoy están, aquella vez no se enfurecieron tanto, hasta que las consiguieron los vecinos.
No crean que soy tan ingenuo o limitado de pensar que Argentina con casi 200 años de historia esta enfurecida con Uruguay y Botnia como un niño caprichoso que perdió un caramelo a manos de su hermana menor. Es claro que hay una cuestión ecológica en el medio, que por más que ni EE UU quiera reconocerlo en el grupo de potencias mundiales, es prioridad global.
Ya que dispone de tiempo usted lector también es importante que sepa que nuestra querida Argentina tiene instaladas plantas similares a Botnia, algunas de ellas están en manos de empresas multinacionales; aquí una lista de las 11 principales: Alto Paraná (Misiones). Celulosa Puerto Piray (Misiones). Papel Misionero (Misiones). Celulosa Campana S.A. (Buenos Aires). Papel Prensa (Provincia de Buenos Aires). Massuh (Provincia de Buenos Aires). Productos Pulpa Moldeada (Río Negro). Papelera del Tucumán (Tucumán). Papelera del NOA (Jujuy). Ledesma (Jujuy). Celulosa Argentina (Santa Fe). Con funcionamientos diversos y con tecnologías mucho menos avanzadas, por lo que es una obviedad que las “nuestras” contaminan hoy (y hace años) mas que lo que la de “ellos” podría hacerlo. Cuestión que cuando uno discutía este tema de Papeleras, muchos me reprendían al decir que nosotros las teníamos para contaminarnos a nosotros mismos, y no sobre aguas compartidas. A través de este humilde documento quizás se enteré que aquellos alegatos son totalmente erróneos. Para hacerlo de manera resumida; Paraguay denuncia desde hace años a nuestro país por contaminación sobre las aguas compartidas del río Paraná, igual que hoy nosotros denunciamos a la república oriental. Muy sencillo, la difusión de estas cuestiones en nuestro país es acotada, quizás porque no le conviene a la misma prensa. Basta tan solo mencionar que Grupo Clarín es dueño de Papel Prensa (Bs. As.) por ejemplo, como para marcar un caso que podría hacer que el tema se maneje con cierta cautela, pero no quiero caer en falsas suspicacias.
¿Contaminan o no? Hay voces científicas para ambos gustos. La verdad que la producción de papel (producto final) no se detiene, se hace años, y pienso que como tema de fondo habrá que buscar una nueva forma de producirla, sin contaminación total. Pero eso suena a utopía ecologista más que análisis periodístico. Por lo pronto vamos a lo concreto. La postura de “No a las papeleras” es claro, las chimeneas contaminan el aire de olores y sustancias molestas y nocivas con el paso del tiempo, a su vez, los desechos (tóxicos claro está) son arrojados por la planta al agua. De esa manera se hace y lo hacen todas las plantas, las nuestras y todas. El gobierno Uruguayo se planta en decir que nunca aceptaría instalar algo nocivo para la salud (¿Lo habrá dicho Argentina también?). El ministro de Ganadería de Uruguay, José Mujica, opinó que si la pastera Botnia contamina el ambiente, "la tenemos que cerrar nosotros y se acabó". Botnia por su lado le asegura con distintos procedimientos que esos residuos que expiden sus plantas no son capaces de contaminar. De esta seriedad mostrada por la empresa finlandesa es de la que se toma el gobierno de Tabaré Vázquez.
Dejando de lado la hipocresía nacional, el gobierno erró los caminos para manejar el asunto. Cuando el caso tomo público y masivo conocimiento, el Presidente Néstor Kirchner intentó aplicar la política que ha caracterizado a su mandato con respecto a conflictos públicos y dañinos. El estilo K fue dejar que se apacigüe la cuestión, como confiando en que se acomoden solo los frutos en el carro. Desde el Estado nunca se pusieron al frente de la “Asamblea de Gualeguaychú” para llevar adelante una política diplomática de jerarquía más que coloridas reuniones vecinales. Recién tras años de protesta se colocó una dirigente que al mes era cuestionada y hoy débilmente lleva adelante el problema diplomático más importante de comienzos de siglo del país.
Por no pagar el costo político que significaba esta revisión que hemos venido haciendo (que implica sentar a los argentinos y mostrarles las cosas como son) el gobierno evitó todo lo que pudo la cuestión. Método que utilizó bastante desde 2003; conflicto de docentes apenas asumido, Skanska, Bolsa Micelli, Coimas De Vido, Superpoderes, Consejo de la Magistratura, Fuentealba, Ley de emergencia, entre tantos casos en los que el gobierno se muestra como observador y no sale ni siquiera a mencionar opinión. La única “pata dirigencial” de los movimientos de Entre Ríos eran los punteros políticos del gobernador Jorge Busti o incitadores a cortar rutas.
Lo claro es que contamine o no, el gobierno falló en el manejo de la diplomacia. Quizás por el disgusto que le genera la política exterior al Presidente Kirchner o simplemente por incapacidad del Canciller Jorge Taiana (confirmado en su puesto para el gabinete de la electa PresidentE Cristina Fernández). Los discursos nunca llevaron el rumbo apropiado, sino que transitaron el tibio camino de menciones ideologías compartidos por el grupo de amigos gobernantes que parecían Kirchner, Tabaré, Lula, Morales y Chávez. El movimiento mas productivo creo fue el del embajador en España, Carlos A. Bettini, que consiguió la mediación de la corona en el asunto. Cuestión que tampoco tendría éxito total, aunque consiguió por gestión del Rey Juan Carlos I, la re-localización de ENCE.
“Nombrar a (Romina) Picolotti en la Secretaría de Medio Ambiente fue una jugada del Gobierno para intentar desactivar la Asamblea. Mientras tanto, su marido, Daniel Taillant, venía a decirnos que teníamos que cortar la ruta y hacerles la vida imposible a los uruguayos”. Son declaraciones del ingeniero Héctor Rubio, fundador de la primera asamblea que denunciaba la cuestión desde el año 2002. Tras años de protesta Rubio fue invitado por Botnia para comprobar que la planta no contamina. “Botnia me invitó a conocer la planta finesa y fui a traer información. En Finlandia no hay olor ni contaminación”. Ya con la planta construida no considera al problema jurídico sino ambiental, por lo que nunca apoyó la estrategia en La Haya. “Tenemos que sentarnos a discutir. A esta altura de las obras es imposible creer que Botnia va a trasladar la planta. Perdimos la oportunidad de una reubicación porque el Gobierno nacional nos engañó. Cuando todavía no habían puesto ni un ladrillo, el ex canciller (Rafael) Bielsa nos entretuvo dos años pidiéndonos que no fuéramos impacientes”.
°
¿Hasta acá quien hizo mal las cosas? ¿Quién las hizo menos mal? ¿Quién las hace desde hace más tiempo?
Las presentaciones ante la Corte Internacional de La Haya fueron boicoteadas por nosotros mismos. Enardecidos asambleístas cortaron las rutas y puentes de acceso a Uruguay, por lo que varios de nuestros argumentos se vieron debilitados. Los bloqueos, de cualquier índole y por cualquier motivo unilateralmente concebido, son inaceptables para la justicia internacional. El vecino oriental llegó a comparar lo que padece actualmente con lo que sufre Cuba hace décadas. El error del gobierno nacional fue no interceder a tiempo y plantear una estrategia conjunta con el pueblo de Gualeguaychú, algunos también le reclamaron levantar algunos cortes de rutas para mostrar actitud dialoguista, pero sabemos que el costo político de lo que rápidamente se califica de represión policial no lo prefiere este gobierno.
Ahora, en 2007, media década desde la inicial denuncia de ambientalistas el caso parece entrar en una desazón. Argentina no parece haber podido evitar la instalación de Botnia, Uruguay cedió ante la presión de la empresa para evitar la re-localización, España logró que Ence busque otras aguas, pero no llegó hasta el gobierno y la dirigencia de Finlandia.
Como cierre, el gobierno argentino vio el humo y la primera entrega de la flota “Argentina” (irónico nombre que lleva el barco de Botnia que traslada la producción), sin tomar mas medidas. Gualeguaychú seguirá protestando, y el próximo gobierno tendrá que decidir que medidas tomar frente a un bloqueo que es injusto, y que en la temporada veraniega va a perder tolerancia. Ya se presupuestó la creación de un laboratorio que monitoreará el funcionamiento de la pastera, hasta ver si es que contamina o no. Con ello intentarán reforzar las presentaciones que se hicieron en La Haya.
Botnia ya funciona. Ya contamina, si es que lo hace. Hay orientales que usan pruebas del río Paraná (contaminado por Argentina) para probar el error en el que han incidido. Otros que viven a metros de la planta dicen estar orgullosos de ahora tener una ciudad y aseguran no existen ni olores. A 30km de la planta, en Argentina, algunos juran que contamina, que mata y que producirá diferentes atrocidades.
¿Quién debe estar orgulloso de su representante? Me refiero a su vecino amigo, a su asambleísta, a su Rey, a su Presidente, a su gobernador o intendente. ¿Se puede hablar de ganadores y perdedores? Por suerte no era promesa del artículo concluir el tema, porque no termina. Desaparecerá de la mayoría de los medios por un tiempo, seguro. Pero la chimenea de Botnia humea sin cesar y Argentina solo mira sentada desde la orilla del frente, esperando solitaria que sus incapacidades políticas no le resulten nocivas para la salud.
De un tiempo a esta parte nos hemos visto infestados de distintas noticias sobre la instalación de las papeleras en el vecino país de Uruguay. Desde este primer párrafo quiero dejar en claro que NO estoy a favor de la instalación de pasteras que potencialmente puedan ser contaminantes. No me voy a mencionar como acérrimo ecologista, pero creo desde los Estados se debe comenzar a tomar conciencia de que la contaminación ambiental necesita una intervención, hoy.
El argentino en varias cosas es especial, tiene virtudes y defectos de a cientos, como todos y hasta como este mismo redactor casual. Lo imperdonable es que somos hipócritas en muchas cuestiones, y en ocasiones nos volvemos presos de nuestros infiernos, chocando entre las flamas de nuestras incapacidades o errores que nunca reconoceremos.
La tercera aclaración (1. No a las pasteras 2. Critico del ser Argentino) es que a mi entender los movimientos que se hicieron desde el Estado argentino para evitar las instalaciones de papeleras en Uruguay, nunca (coloco énfasis) pero nunca fueron acertadas. Plantada la posición comencemos a discutir.°
A comienzo de este siglo, las industrias papeleras comenzaron un programa de “re-localización”. Esto no era más que instalar gigantes humeantes lejos de sus países oriundos. Hay que decir que esto se hace con normalidad entre las empresas desde que vivimos en una aldea global, aunque también hay que mencionar que muchos de estos movimientos se deben justamente para “escapar” a los estatutos de cuidado al medio ambiente que sus mismos países de origen tienen, cuestión que impide la instalación de mas fabricas de celulosa en muchos lugares de Europa. Recordar que el viejo continente es el más conciente (entre los inconscientes) sobre la preservación del medio ambiente.
Entre estos sospechosos movimientos, un par de empresas miraron a nuestro sitio. Antes de la crisis de 2001, muchos intendentes y gobernadores argentinos fueron en busca de atraer a estas inversiones. No se puede desconocer que la instalación de una planta de esta envergadura genera un movimiento económico muy favorable para el lugar que le da el espacio. Los mismos gobernantes que hoy braman ante la instalación de Botnia eran los que recorrían los pasillos ministeriales en busca de apoyo diplomático para que esas pasteras se instalasen en diferentes provincias argentinas.
Debido a la profunda crisis de nuestro país varias empresas desisten del negocio con Argentina y comienzan a buscar nuevos destinos. A la empresa española ENCE y a BOTNIA de origen finlandés no les llevó mucho tiempo darse cuenta que las condiciones del otro lado del río eran las optimas.
Uruguay es un país sereno. Su gente se traduce en una persona servicial, tranquila y suave para el trato. No son bruscos ni para enojarse y conforman un trío inseparable junto a su termo y mate. Como país es simple: agro exportador. Pequeño y con un sistema claramente centralizado sobre su capital Montevideo. Posee 2 millones de habitantes y su gran mayoría habita en la capital. Siempre considerado por nuestro país como minúsculo, casi como un lugar de vacaciones o patio trasero. El país oriental sufrió el proceso de dictaduras militares, como el resto de los países del cono sur, y de allí su gran déficit económico. Sistema financiero mantenido al estilo “suiza clandestina” de Sudamérica. Para levantar una crisis económica que fluctúa desde 1955, que atravesó la etapa de guerrillas de los ´60 y que se profundizó con el golpe de Estado de 1973, es que la “Banda Oriental” hace lo que hace. Desde mantener dinero sin preguntar procedencia hasta implantar riesgosas empresas para la salud. (ADVERTENCIA: Argentina hace ambas cosas también)
Por el lado del enemigo, como le gusta considerar a unos conocidos a las pasteras hay que conocer ciertas cuestiones. La española ENCE es el primer propietario europeo de bosques maderables de eucalipto y líder en Europa y segundo suministrador mundial de celulosa de eucalipto. Dentro del macro sector europeo de las Industrias Basadas en el Bosque, ENCE desarrolla sus actividades bajo parámetros de sostenibilidad medioambiental y máxima cualificación ecológica de sus productos. La familia Botnia, se postula con una filosofía humanista, responsable, y de cooperación con sus clientes. El slogan muestra la leyenda que dice: “Producimos de manera ecológica y éticamente sostenible pasta papelera a partir de madera finlandesa certificada. Con nuestra pasta se elaboran papeles de buen corazón.”
Quizás por eso el arreglo entre Uruguay y estas empresas hayan transitado un camino liso y llano como el de las plantaciones forestales de donde se extrae la madera en los bosques europeos. De este lado del río demoramos en darnos cuenta y llevaríamos la cuestión por caminos más parecidos a los de nuestras cosechas, pedregosos, desordenados y con pendientes de indecisiones. Botnia es propietaria en el Uruguay de Forestal Oriental, especializada en la selvicultura del eucalipto. Forestal Oriental es propietaria de 100.000 hectáreas de terrenos, de las que unas 60.000 son aptas para la selvicultura o ya tienen plantaciones de eucaliptos de buena calidad. Forestal Oriental se cuenta entre los tres mayores propietarios de bosques del Uruguay, y sus plantaciones se encuentran en las cercanías de Fray Bentos. La posibilidad para la pequeña economía oriental es importante: Botnia ofrece una inversión de mil millones de dólares americanos, además de tomar a 300 empleados en la planta de celulosa, pero con un total de más de 8000 puestos de trabajo que se generarán en Uruguay (5000 puestos de trabajo directos y 3000 indirectos). En la materia de la oferta y demanda, un paquete nada despreciable, claras razones por la que nuestro país también incitaba a tenerlas de este lado del río.
Aunque parezca que me he alejado del titulo de la nota, ahora vamos a venir a discutir que hicimos y quizás con toda la información vista vislumbremos que hacer. Este es como un intermedio, me pareció necesario agregar el caudal informativo previo, porque el asunto comienza doblar la esquina de la conclusión y hay que estar preparado para intentar formarse una opinión, pero tampoco nos adelantemos. Volvamos a la costa argentina.
Como dijimos desde el comienzo, nuestro país intento que estas empresas instalasen sus plantas en suelo argentino. Cuando se perdió la oportunidad por la inestabilidad que mostramos en 2001 no nos importó demasiado. Claro que el Estado no estaba como para ponerse a analizar a todas las probables inversiones que decidían no llegar, pero la verdad que el caso de las pasteras fue especial. La cuestión es que nuestro país tiene un sistema económico mucho mas complejo que el de Uruguay y a su vez por aquellos comienzos de siglo la hecatombe política no permitía discutir otros temas. Las empresas dijeron que no venían y los gobernantes que hoy están, aquella vez no se enfurecieron tanto, hasta que las consiguieron los vecinos.
No crean que soy tan ingenuo o limitado de pensar que Argentina con casi 200 años de historia esta enfurecida con Uruguay y Botnia como un niño caprichoso que perdió un caramelo a manos de su hermana menor. Es claro que hay una cuestión ecológica en el medio, que por más que ni EE UU quiera reconocerlo en el grupo de potencias mundiales, es prioridad global.
Ya que dispone de tiempo usted lector también es importante que sepa que nuestra querida Argentina tiene instaladas plantas similares a Botnia, algunas de ellas están en manos de empresas multinacionales; aquí una lista de las 11 principales: Alto Paraná (Misiones). Celulosa Puerto Piray (Misiones). Papel Misionero (Misiones). Celulosa Campana S.A. (Buenos Aires). Papel Prensa (Provincia de Buenos Aires). Massuh (Provincia de Buenos Aires). Productos Pulpa Moldeada (Río Negro). Papelera del Tucumán (Tucumán). Papelera del NOA (Jujuy). Ledesma (Jujuy). Celulosa Argentina (Santa Fe). Con funcionamientos diversos y con tecnologías mucho menos avanzadas, por lo que es una obviedad que las “nuestras” contaminan hoy (y hace años) mas que lo que la de “ellos” podría hacerlo. Cuestión que cuando uno discutía este tema de Papeleras, muchos me reprendían al decir que nosotros las teníamos para contaminarnos a nosotros mismos, y no sobre aguas compartidas. A través de este humilde documento quizás se enteré que aquellos alegatos son totalmente erróneos. Para hacerlo de manera resumida; Paraguay denuncia desde hace años a nuestro país por contaminación sobre las aguas compartidas del río Paraná, igual que hoy nosotros denunciamos a la república oriental. Muy sencillo, la difusión de estas cuestiones en nuestro país es acotada, quizás porque no le conviene a la misma prensa. Basta tan solo mencionar que Grupo Clarín es dueño de Papel Prensa (Bs. As.) por ejemplo, como para marcar un caso que podría hacer que el tema se maneje con cierta cautela, pero no quiero caer en falsas suspicacias.
¿Contaminan o no? Hay voces científicas para ambos gustos. La verdad que la producción de papel (producto final) no se detiene, se hace años, y pienso que como tema de fondo habrá que buscar una nueva forma de producirla, sin contaminación total. Pero eso suena a utopía ecologista más que análisis periodístico. Por lo pronto vamos a lo concreto. La postura de “No a las papeleras” es claro, las chimeneas contaminan el aire de olores y sustancias molestas y nocivas con el paso del tiempo, a su vez, los desechos (tóxicos claro está) son arrojados por la planta al agua. De esa manera se hace y lo hacen todas las plantas, las nuestras y todas. El gobierno Uruguayo se planta en decir que nunca aceptaría instalar algo nocivo para la salud (¿Lo habrá dicho Argentina también?). El ministro de Ganadería de Uruguay, José Mujica, opinó que si la pastera Botnia contamina el ambiente, "la tenemos que cerrar nosotros y se acabó". Botnia por su lado le asegura con distintos procedimientos que esos residuos que expiden sus plantas no son capaces de contaminar. De esta seriedad mostrada por la empresa finlandesa es de la que se toma el gobierno de Tabaré Vázquez.
Dejando de lado la hipocresía nacional, el gobierno erró los caminos para manejar el asunto. Cuando el caso tomo público y masivo conocimiento, el Presidente Néstor Kirchner intentó aplicar la política que ha caracterizado a su mandato con respecto a conflictos públicos y dañinos. El estilo K fue dejar que se apacigüe la cuestión, como confiando en que se acomoden solo los frutos en el carro. Desde el Estado nunca se pusieron al frente de la “Asamblea de Gualeguaychú” para llevar adelante una política diplomática de jerarquía más que coloridas reuniones vecinales. Recién tras años de protesta se colocó una dirigente que al mes era cuestionada y hoy débilmente lleva adelante el problema diplomático más importante de comienzos de siglo del país.
Por no pagar el costo político que significaba esta revisión que hemos venido haciendo (que implica sentar a los argentinos y mostrarles las cosas como son) el gobierno evitó todo lo que pudo la cuestión. Método que utilizó bastante desde 2003; conflicto de docentes apenas asumido, Skanska, Bolsa Micelli, Coimas De Vido, Superpoderes, Consejo de la Magistratura, Fuentealba, Ley de emergencia, entre tantos casos en los que el gobierno se muestra como observador y no sale ni siquiera a mencionar opinión. La única “pata dirigencial” de los movimientos de Entre Ríos eran los punteros políticos del gobernador Jorge Busti o incitadores a cortar rutas.
Lo claro es que contamine o no, el gobierno falló en el manejo de la diplomacia. Quizás por el disgusto que le genera la política exterior al Presidente Kirchner o simplemente por incapacidad del Canciller Jorge Taiana (confirmado en su puesto para el gabinete de la electa PresidentE Cristina Fernández). Los discursos nunca llevaron el rumbo apropiado, sino que transitaron el tibio camino de menciones ideologías compartidos por el grupo de amigos gobernantes que parecían Kirchner, Tabaré, Lula, Morales y Chávez. El movimiento mas productivo creo fue el del embajador en España, Carlos A. Bettini, que consiguió la mediación de la corona en el asunto. Cuestión que tampoco tendría éxito total, aunque consiguió por gestión del Rey Juan Carlos I, la re-localización de ENCE.
“Nombrar a (Romina) Picolotti en la Secretaría de Medio Ambiente fue una jugada del Gobierno para intentar desactivar la Asamblea. Mientras tanto, su marido, Daniel Taillant, venía a decirnos que teníamos que cortar la ruta y hacerles la vida imposible a los uruguayos”. Son declaraciones del ingeniero Héctor Rubio, fundador de la primera asamblea que denunciaba la cuestión desde el año 2002. Tras años de protesta Rubio fue invitado por Botnia para comprobar que la planta no contamina. “Botnia me invitó a conocer la planta finesa y fui a traer información. En Finlandia no hay olor ni contaminación”. Ya con la planta construida no considera al problema jurídico sino ambiental, por lo que nunca apoyó la estrategia en La Haya. “Tenemos que sentarnos a discutir. A esta altura de las obras es imposible creer que Botnia va a trasladar la planta. Perdimos la oportunidad de una reubicación porque el Gobierno nacional nos engañó. Cuando todavía no habían puesto ni un ladrillo, el ex canciller (Rafael) Bielsa nos entretuvo dos años pidiéndonos que no fuéramos impacientes”.
°

¿Hasta acá quien hizo mal las cosas? ¿Quién las hizo menos mal? ¿Quién las hace desde hace más tiempo?
Las presentaciones ante la Corte Internacional de La Haya fueron boicoteadas por nosotros mismos. Enardecidos asambleístas cortaron las rutas y puentes de acceso a Uruguay, por lo que varios de nuestros argumentos se vieron debilitados. Los bloqueos, de cualquier índole y por cualquier motivo unilateralmente concebido, son inaceptables para la justicia internacional. El vecino oriental llegó a comparar lo que padece actualmente con lo que sufre Cuba hace décadas. El error del gobierno nacional fue no interceder a tiempo y plantear una estrategia conjunta con el pueblo de Gualeguaychú, algunos también le reclamaron levantar algunos cortes de rutas para mostrar actitud dialoguista, pero sabemos que el costo político de lo que rápidamente se califica de represión policial no lo prefiere este gobierno.
Ahora, en 2007, media década desde la inicial denuncia de ambientalistas el caso parece entrar en una desazón. Argentina no parece haber podido evitar la instalación de Botnia, Uruguay cedió ante la presión de la empresa para evitar la re-localización, España logró que Ence busque otras aguas, pero no llegó hasta el gobierno y la dirigencia de Finlandia.
Como cierre, el gobierno argentino vio el humo y la primera entrega de la flota “Argentina” (irónico nombre que lleva el barco de Botnia que traslada la producción), sin tomar mas medidas. Gualeguaychú seguirá protestando, y el próximo gobierno tendrá que decidir que medidas tomar frente a un bloqueo que es injusto, y que en la temporada veraniega va a perder tolerancia. Ya se presupuestó la creación de un laboratorio que monitoreará el funcionamiento de la pastera, hasta ver si es que contamina o no. Con ello intentarán reforzar las presentaciones que se hicieron en La Haya.
Botnia ya funciona. Ya contamina, si es que lo hace. Hay orientales que usan pruebas del río Paraná (contaminado por Argentina) para probar el error en el que han incidido. Otros que viven a metros de la planta dicen estar orgullosos de ahora tener una ciudad y aseguran no existen ni olores. A 30km de la planta, en Argentina, algunos juran que contamina, que mata y que producirá diferentes atrocidades.
¿Quién debe estar orgulloso de su representante? Me refiero a su vecino amigo, a su asambleísta, a su Rey, a su Presidente, a su gobernador o intendente. ¿Se puede hablar de ganadores y perdedores? Por suerte no era promesa del artículo concluir el tema, porque no termina. Desaparecerá de la mayoría de los medios por un tiempo, seguro. Pero la chimenea de Botnia humea sin cesar y Argentina solo mira sentada desde la orilla del frente, esperando solitaria que sus incapacidades políticas no le resulten nocivas para la salud.






